Vamos a ser claros, la «van life«, es decir, vivir en un busito, van, combi, furgo o como lo queráis llamar, no es sinónimo de comodidad.

En mi nueva casa…

todo es en miniatura, no hay manera de estar de pie, a no ser que estés fuera o en nuestra peculiar cocina exterior.

Todos compartimos esos 20 metros cuadrados, mis tres perros, mi pareja y yo.

Así que tener intimidad resulta un poco difícil, y más cuando toca dormir en medio de un pueblito lleno de gente curiosa que estará esperando a que pongas un pie fuera para cotillear.

He de admitir que al principio todo resultaba un poco difícil, agotador e, incluso, estresante.

Nos quedábamos sin agua y sin gasolina siempre en los peores momentos. Nos agobiábamos porque cada día teníamos que ir a comprar por el poco espacio del cooler y el hielo que rápido se derrite con el calor tropical.

Parecía que tuviésemos prisa, siempre buscando cuál sería el siguiente destino.

De hecho, quiero compartir con vosotros mis propias palabras escritas en el primer mes viviendo en «La Chucha»:


Van Life mes 1

» Cada mañana es un ritual. Nos levantamos cuando el sol entra por las ventanas, o bien, cuando los mosquitos deciden que ya dormimos suficiente. Sin mucha pereza posible, pues al mínimo ruido, los chuchitos se le tiran a uno encima para darnos los buenos días. 

Toca levantarse y salir al exterior, recoger la cama y guardar colchón, sábanas y almohadas en el alcón, para convertir nuestra cama en un lindo sofá por el día, y así tener espacio para abrir los armarios, donde se amontona toda la ropa medio arrugada, en su mayoría inútil.

Es hora de vestirse algo (lo que tenga más a mano), de salir sin pelos e la ropa, mejor no hablemos. 

Pronto toca ir en busca de un baño, que unos días es la naturaleza, otros una cafetería, un hostel, una gasolinera o un supermercado, y los días de suerte, será la casa de un amigo, ¡menos mal que siempre hay solución!

Y por fin, ¡vamos a hacer café y unas ricas tostadas!

Saca la cocina, enciende el gas y a cocinar.  Ojalá que no se haya acabado el gas…

Estamos en continuo movimiento, y eso que todavía seguimos por Panamá.

Es bonito, pero cansado. Todo el día con gente, con poca intimidad, haciendo vida siempre en el exterior, todo el día limpiando y recogiendo, todas las mañanas sin saber qué haré hoy, …

A veces solo puedo pensar «¡Qué ganas de llegar a casa!» Luego me doy cuenta que ésta es la única casa que tengo y se me pasa…

¿Lo que más echo de menos? Una ducha de agua caliente, lenta y relajante. ¡Ojo! ¡Nos duchamos! Somos hippies, pero no tanto.»

—————————————–

Bueno, ésto último sigo echándolo de menos, sobre todo cuando estamos en climas fríos.

Pero cuando estamos en la playa, en realidad me encanta bañarme con vistas al mar, aunque eso suponga estar de nuevo llena de arena en dos minutos. 

Como todo cambio, hay que pasar por un proceso de adaptación.

Van Life mes 8

Ahora nos tomamos todo con mucha más calma, si nos apetece movernos, nos movemos y sino, pues nos quedamos. 

Hemos aprendido a dejarnos llevar, a fluir con las oportunidades que nos van apareciendo y tomarnos la vida con más calma. 

Éstos meses viviendo en continuo movimiento nos han convertido en personas mucho más flexibles y, además, hemos aprendido a vivir con pocas comodidades y, a su vez, a valorarlas cuando se tienen. 

En 8 meses hemos dormido en lugares idílicos, de los que te imaginas cuando empiezas éste viaje, frente al mar, en ríos solitarios de aguas cristalinas, frente a volcanes y lagunas…

Pero también hemos dormido en lugares no tan ideales, como aquella vez que nos quedamos por 10 días en frente de la iglesia de un pueblito de El Salvador que tocaba las campanadas todos los días a las 5 y media de la mañana; o cuando nos quedamos por una semana en el parking de la policía, que parecían unas ruinas antiguas en Antigua Guatemala; o cuando nos tocó quedarnos en el taller mecánico durmiendo por 2 noches.

También, hemos aprendido a ser más precavidos y ha administrar mejor los recursos que tenemos. 

Rara vez nos quedamos ya sin agua o sin gas.

Incluso, la comida, hay veces que estamos en medio de la nada y queremos quedarnos un día más y tenemos que inventarnos algo para seguir comiendo de la despensa por que no hay ningún súper cerca. 

Y al final, no importa si te toca comer una simple patata asada con un poco de sal o una pasta con ketchup y mayonesa, lo importante es estar donde uno quiere estar cuando se desea.

Tipos de viajeros o Van Lifers

Hay muchos tipos de viajeros, quienes buscan más comodidades y pagan a menudo por camping privado, por habitaciones de hostel, quienes van haciendo housesitting, etc.

Cada uno lo hace a su manera, y eso es lo bonito de vivir viajando: las reglas las pones TÚ.

Nosotros en 8 meses sólo hemos pagado por camping en dos o tres ocasiones, y porque no nos ha quedado otro remedio.

Ahora, ha sido la primera vez que hemos pagado por una casita en la playa, donde poder descansar, con un poquito de estabilidad, calma, intimidad, espacio y comodidad, que empezaba a ser necesario.

Viajamos con un presupuesto bastante ajustado, y es por eso que intentamos no gastar nada en alojamiento, para poder gastar más en experiencias.  


https://www.maletascompartidas.com/por-que-es-mas-barato-vivir-viajando/


Además, la verdad es que ya nos da pereza salir de nuestra casita, en la que nos sentimos cada día más cómodos.

Lo bueno es que siempre hemos tenido la suerte de que encontramos gente, que en los momentos que más cansados estamos, nos han ofrecido una casa, una ducha, un baño, una lavadora, y todo lo que necesitásemos: nuestros ángeles del camino.

Entonces…¿vale la pena ésta vida sin comodidades?

Cada uno tiene que valorarlo por uno mismo, habrá quien diga sí y habrá quien no la quiera.

Para nosotros, ¡vale la pena muchísimo! 

Poder vivir rodeado de naturaleza y sentir la libertad de ir a tu ritmo y vivir a tu manera, no tiene precio.

Vivir viajando, sea del modo que sea, hace que crezcas. Creces como persona con cada experiencia sumada, con cada persona que se cruza en tu camino y con todos los aprendizajes que adquirimos en este nuevo estilo de vida que hemos elegido.

El mundo ya no tiene fronteras para ti.

Así que, sí, vale la pena, pero nadie dijo que fuera fácil…

André & Andrea + Sancocho & Chombo & Doula

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Categorías: Van Life

1 comentario

SOLEDAD · 27 octubre, 2019 a las 01:35

La vida en Van tiene que ser dura además de bonita.. Lo bonito es la gran experiencia que estáis viviendo cada día.

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