Cuantas veces habré oído y visto el miedo de viajar sola, en todas sus versiones.

Chicas jóvenes que te dicen cosas como:

«Ojalá fuese tan valiente como tú»

«Es que no es un buen momento»

«No tengo dinero para viajar «

Esas son las clásicas.

¿Valiente? Chicas, soy la persona más cagona del mundo! ¿Creéis que no estaba cagada antes de lanzarme a la aventura?

Os voy a contar toda la verdad, respondiendo preguntas que recibo a diario:

«¿Cómo hiciste para viajar sola?»; «¿Alguna vez tuviste miedo?»; «¿Cómo haces para sustentar tu viaje?» ; «¿Por qué decidiste tomar éste camino?»


¿Cómo hiciste para viajar sola?

En mi primer viaje sola viví una experiencia que llevaba años teniendo en mente, a la vez que otras mil escusas para no irme.

Me fui en Noviembre del 2016 y tomé la decisión en Julio del 2016.

Como os contaba en otra entrada, ESE MOMENTO llegó para mí, estallé y de la noche a la mañana empecé a hacer cambios radicales en mi vida, entre ellos: comprar un billete de avión para 8 meses.

En Europa se lleva mucho irse de AU PAIR a otro país para aprender otro idioma y conocer otra cultura.

Me parece una buena manera de empezar a viajar sola, porque te da independencia, pero a su vez, con una seguridad.

Si no sabes de lo que estoy hablando lee mi entrada en la que te explico «¿Qué es Au Pair?»

PINCHA AQUÍ

En resumen, yo encontré mi familia de acogida a través de una página web, conocí a la madre en su viaje a España antes de tomar la decisión final. Ella me recogería en el aeropuerto de Panamá City y viviría con ella y sus hijos por 8 meses, a cambio de que le ayudase con los pequeños.

Y así fue como tomé la decisión que cambiaría mi vida por completo.


¿Alguna vez tuviste miedo?

El miedo a equivocarse, miedo a estar tomando el camino incorrecto, miedo a perder todo, miedo a que pase algo malo, miedo a estar lejos, miedo a sentirse sola, …

Todos esos miedos los he experimentado, y los sigo experimentando cada día.

Pero, ¿sabéis cuándo he tenido más miedo? Antes de empezar el viaje.

Tomé la decisión con poco tiempo, porque yo soy así, necesito hacer las cosas rápido, sin pensar demasiado, sino acabo echándome para atrás…

Pero ésta vez nada me echaría para atrás y eso que, por un momento, lo intenté.

Los que estuvieron cerca de mí, saben que cerca estuve de volverme completamente loca antes de irme. Y de volverlos locos a ellos, también. Nose si os lo he dicho todavía, pero ¡gracias por aguantarme!

Desde que compré el billete de avión, lo que para mí significaba: ya no hay marcha atrás; salieron mis mayores miedos.

Lloraba día y noche, la gente me animaba para irme (porque me quieren y sabían que era lo que tenía que hacer), mientras yo sólo esperaba que alguien me insistiese tanto que al final tuviera que quedarme.

No comía, tenía tantos nervios que no podía probar bocado, en dos semanas adelgacé tanto que acabé en el hospital por miedo a caer deshidratada.

Se me ocurrían mil escusas por las que, quizás, no debía irme.

La que tenía mayor fuerza era el miedo a perder a mi gente, por ese entonces todavía no había comprendido que los que son de verdad se quedarían, sin importar el tiempo y la distancia, y los demás, bueno, los demás no lo valían.

Y así, delgaducha, sin fuerzas, sin haber dormido nada y con un miedo horrible, crucé las puertas del aeropuerto.

Me acuerdo como si fuera ayer, esa mañana de Noviembre, no lloré más, me despedí de mi madre sin una lágrima, me prometí ser fuerte, y empecé a disfrutar.

El miedo se quedó en Madrid y una vez que entré en el aeropuerto, lo que sentía en mi estómago se convirtió en emoción.

¡Iba a comerme el mundo! Y eso lo sabía yo.

Y os voy a contar un secreto… ¡nunca se viaja sola! Hay muchas personas como tú y como yo, esperando a compartir experiencias con gente nueva.


¿Cómo sustentas tu viaje?

Como os contaba, en mi primer viaje sola me fui como Au Pair, lo que significa que tenía cubierto el alojamiento, las comidas, el seguro de viaje y un pequeño sueldo mensual para mis gastos personales, que me daba de sobra para disfrutar.

Además, empecé a dar clases de baile en el pueblito que vivíamos, lo que me daba un dinero extra para ahorrar.

Pero para irme tuve que pagarme el avión, vacunas, pasaporte y otros gastos.

¿Soy rica? No, nunca lo he sido. ¿Ahorré por años? No soy la persona más ahorradora, pero cuando me pongo, ¡me pongo! En tres meses reuní todo el dinero que necesitaba y me fui con lo justo.

¿Qué hice para ahorrar dinero para mi viaje?

Primero, trabajar. Tenía mi trabajo más fijo y a parte daba horas extra de clases de baile, hice un campamento de verano, animaba en fiestas de cumpleaños cuando me llamaban, todo lo que me saliese.

Por otro lado, vender cosas de segunda mano. En España existe una App llamada Wallapop donde puedes vender todo lo que quieras. Así pues, hice limpieza, arrasé mi casa y mi armario y vendí todo lo que no necesitaría.

Siguiendo el pensamiento de «lo mínimo «, de vivir con poco y desprenderse de lo viejo para obtener cosas nuevas.

Y por último, ahorrar. Lo cual no quiere decir que no saliese de mi casa. Obvio quería aprovechar los «últimos meses» con mis amigos, pero empecé a mirar más dónde se iba el dinero, y a dejar de comprar cosas inútiles, sobretodo.

Ahora cada vez que voy a comprar algo me pregunto: «¿de verdad lo necesito?» ¡Y funciona!

Hace ya tres años desde que empecé a viajar, cuando dejé de ser Au Pair, monté mi propio proyecto de escuela infantil en Panamá, también hacía actividades extraescolares en mi casa, refuerzo escolar, clases de español para extranjeros, etc.

Cuando viajé más tarde sola a Costa Rica, conseguí trabajo en una escuela infantil.

Y ahora, mientras recorro el mundo con mi pareja y mis perros, en una casa rodante, vendemos artesanías y comida.

En ésta entrada os cuento más:

¿POR QUÉ VIVIR VIAJANDO ES MÁS BARATO?

¿Os hacéis ya una idea de todo lo que cambia la vida?

A veces me pregunto, ¿Cuántas veces me reinventaré?

Me encanta esa palabra: REINVENTARSE, yo lo hago constantemente y ¡me encanta!

Esa es una de las razones que responden la siguiente pregunta.


¿Por qué decidiste tomar éste camino?

Quien me conoce bien, sabe que soy la persona más indecisa del mundo.

Pero a su vez, cabezona también, y cuando se me mete algo en la cabeza, lucho y lucho hasta que lo consigo.

Viajar es algo con lo que siempre soñé y cuando viajé por primera vez a Marruecos como voluntaria, supe que eso es lo que quería en mi vida.

Nuevas experiencias, conocer culturas, poner mi granito de arena en cada lugar que visito y aprender cada día cosas nuevas.

Hace 3 años estoy fuera, me fui pensando que no aguantaría los 8 meses planeados y aquí me tenéis, viajando de Panamá a Alaska en Van.

Y si queréis saber algo, todavía tengo miedo. Ya no viajo sola, pero estar lejos de los míos y no saber qué pasará con mi vida después del viaje, a veces me atormenta.

Pero no me paralizó el miedo aquella vez y ¡no lo va a hacer ahora!

Porque viajar es libertad. Es vivir a mi manera. Y a mí, eso, hoy por hoy, me llena.

Ésta entrada va dedicada a todas esas mujeres con alma viajera, todas esas mujeres con miedos y con sueños más grandes todavía.

Chicas, tener miedo es humano y natural, no pasa nada, lo importante es controlar esos miedos para que dejen paso a los sueños.

Me encantaría leer otras experiencias, ¡contadme vuestros miedos y cómo los superasteis!

#NOESTOYSOLA


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